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Escacez de vivencias

Que ajeno es el poder a nosotros, que entre el día a día buscamos saciar los instintos, lloramos, reimos, buscamos volver en objeto tangible, la esperanza que hemos creado, la esperanza que nos mantiene ocupados.
Solo falta mirar hacia arriba, y no hablo de nubes ni estrellas ni soles, hablo de jerarquías, para notar que en la cima, se vive ajeno a nuestros valores. Y esque tal vez el problema de siempre no sea de sistemas, gabinetes o reglas, tal vez solo sea la ligereza en que viven los "líderes", que pasan de largo sin conocer la carencia, y como consecuencia, comrendernos a los menos agraciados.
Quiza esto no es solo un escrito, quizás tenga más de anécdota, porque a diario veo de cerca gente de esa; de esa que pregona un a cosa, que no tiene criterio, que anda hueca de adentro y pasa la vida volando en su nube. Ojala la caída no sea tan severa.
Que ajena está la coherencia, que largas se oyen las palabras por estas fechas, y que incierto se ve el mañana con gente de esa.

¿Fragilidad o correosidad?

Hace no mucho tiempo que me debato en un estado sensitivo entre la fragilidad y la correosidad guardadas en la anatomía humana. Tal vez por formar parte del escenario de algunas desgracias tales como presenciar una trifulca a medio llano, que comenzó como un deporte, un pasatiempo, y encarno en severas pedradas marca diablo, golpes a traición, patadas a los ya vencidos y puñetazos escazos de un gramo de razón.
Es increible ver a un cuerpo recibir una pedrada de aproximadamente 20 cms. de diámetro en pleno pecho y derrumbarse. Pero es todavía más increible ver terminada esa batalla donde se ven los máximos ejemplos de cobardía, y ver el mismo cuerpo levantarse para arremeter contra algunos de los suyos por no haber formado parte de dicho acto de irracionalidad. ¿Y que si el proyectil hubiese tomado pocos grados postivos de verticalidad?
Algunos pensaran que el término desgracia le quedó grande a la situación, "Al fin pasa bien seguido en los partidos" dirán algunos, pero que les parecería un día cualquiera ir camino a la chamba, como todos los días, sintiendo que el mundo se te cierra por deber tres pesos de renta, por traer vacía la tripa o una cosa de esas; abordar la banqueta y mirar a lo lejos un jóven llanto ajeno, seguir omiso a esto, enfocar el encuadre y ver fluir ríos de sangre emanados de algún sitio escondido a la vista por mantos rojizos, ese rojo oscuro tan único. Oírle hablar por celular, como despidiendose del mundo, empapado en lágrimas, como agredido por la vida, verle levantar la mirada y encontrar en él un rostro conocido para después oír una voz anexa a la situación decir: "¡¡¡Ey compadrito, hablale a una ambulancia, se cortó las venas!!!". Salir corriendo al teléfono más cercano casi sin observar al cruzar la calle para marcar al 060 y escuchar: "Esta hablando al 060 emergencias de Monterrey, por el momento no podemos atenderle, por favor espere, esto aproximadamente unas 12 veces y nada, mientras ves que el tumulto rodea a la víctima de su inconsciencia y al instante ver pasar una patrulla como accionante de un grito salido de las entrañas propias para describir la situación y pedir auxilio.
Instantes después ver a los paramédicos cargar a ese bulto de desesperanza, de incertidumbre, y ver como se desvanece con un mañana pendiendo del azar.
Es increible pensar en algo que pueda arrastrar a alguien a atentar contra su propia anatomia.
Quizas no haga falta una situación tan aparatosa como estas para adentrarse a este debate filosofal, basta con tomar un estetoscopio (esos aparatitos que usan los doctores y vmiramos tan comúnes, pero a mi me causan singular conmosión) y oír palpitar tu corazón para entender así de golpe esa fragilidad de la que hablo. ¿Y que si se detiene un instante?... Piénsenlo, en un segundo todo se puede acabar.